Solo porque hayas hecho un plan, no significa que eso vaya a pasar.

Insisto: sólo porque hayas hecho un plan, no significa que eso vaya a pasar.

Está demostrada nuestra tendencia natural a subestimar la cantidad de tiempo que nos llevará un proyecto; en muchas ocasiones somos demasiado optimistas a la hora de prever el tiempo que tardarán las cosas.

Obviamos los factores externos e internos que pueden afectar al desarrollo de nuestro plan, y lo diseñamos como si estuviera protegido del resto de influencias, en una urna de cristal, donde permanece inalterado hasta que conseguimos los resultados esperados.

En palabras de J.R.R.Tolkien "No conviene dejar un dragón vivo fuera de tus cálculos si vives cerca de uno" (el Hobbit)

Además, el éxito es más fácil de imaginar que el fracaso, a pesar de que hay un resultado esperado, y muchas formas de que de que nuestro plan salga mal.

También, tendemos a pensar que las situaciones que envuelven a nuestro plan son únicas, por ello "todo va a salir bien".



Existen innumerables formas de que de que nuestro plan salga mal

Estos factores, sumados, o de forma individual nos pueden llevar al fracaso de nuestro plan.

Pero, ¿Cómo los podemos evitar?

Si bien no existe una respuesta universal a esta pregunta, sí que existen herramientas que nos serán de gran utilidad. La primera de ellas es el pensamiento crítico: Utilizar el pensamiento crítico, no significa ser negativo. El pensamiento crítico implica dejar de lado la intuición, basarse en hechos y datos, hacerse las pregunta


s adecuadas, tratando de identificar los sesgos que puedan estar obviando información relevante, y descartar las pruebas anecdóticas.

Herramientas de utilidad: pensamiento crítico y visión externa

Otra es la visión externa: examinar, buscar información sobre situaciones similares que sirvan de base estadística para el plan. Esto significa utilizar datos sobre la duración de proyectos comparables, y ajustar nuestras proyecciones en consecuencia; ¿Cuántos otros estuvieron en esta situación? ¿Qué pasó?

Para responder a estas preguntas, resultará útil concentrarnos en lo que es igual, no en lo que es diferente. Buscar, historiales de lo planificado frente a lo real. Gastos por encima del presupuesto. Tiempo real frente al plan. Resultado medio, resultado más común. Coste de los recursos, porcentaje de éxitos y fracasos.




Por último, con la información recabada, consideremos la necesidad de tener un plan de contingencia, para minimizar las pérdidas que implican que el plan salga mal, o para disponer de la flexibilidad suficiente para reorientar las acciones en caso necesario.


Comenta tu experiencia y tu aprendizaje, inspirarás a otros y juntos creceremos. Gracias por habernos dedicado tu preciado tiempo. Espero leerte:

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